The separation of powers among different branches of government is the greatest guarantor of liberty ever devised by the human mind. No single branch, or person, can amass too much power if checked by the others. But a formal separation of powers means nothing if one branch has the means to intimidate the others into surrendering their constitutional prerogatives. What is happening now in Brazil
underscores this point: a single Justice of the Supreme Court has usurped dictatorial power by threatening leaders of the other branches, or their families, with arrest, imprisonment, or other penalties. This person has destroyed Brazil’s historically close relationship with the U.S. by, among other things, attempting to apply Brazilian law extraterritorially to silence individuals and companies on U.S. soil.
And the situation is unprecedented and anomalous precisely because that person wears a judicial robe: whereas we can always negotiate with leaders of a country’s executive or legislative branches, there is no way to negotiate with a judge, who must maintain the pretense that all his actions are dictated by law. So we find ourselves in a dead end where the usurper cloaks himself in the rule of law and the other branches insist that they are powerless to act.
If anyone can think of a precedent in human history where a single unelected judge has seized control of his nation’s fate, please advise. We want to return to our historic friendship with the great nation of Brazil!
El subsecretario del Departamento de Estado de los Estados Unidos Christopher Landau, dejó claro en un mensaje en su red social X lo que está ocurriendo en Brasil con el actuar de un solo juez.
Landau explicó que, separación de poderes entre las diferentes ramas del gobierno es la mayor garantía de libertad jamás concebida por la mente humana.
Ninguna rama, ni persona, puede acumular demasiado poder si las demás la controlan. Pero una separación formal de poderes no significa nada si una rama tiene los medios para intimidar a las demás y obligarlas a renunciar a sus prerrogativas constitucionales.
Lo que está sucediendo ahora en Brasil, subraya este punto: un solo juez del Tribunal Supremo ha usurpado el poder dictatorial al amenazar a los líderes de las otras ramas, o a sus familias, con arresto, prisión u otras sanciones.
Esta persona ha destruido la históricamente estrecha relación de Brasil con Estados Unidos, entre otras cosas, al intentar aplicar la ley brasileña extraterritorialmente para silenciar a individuos y empresas en territorio estadounidense.
Y la situación es inédita y anómala precisamente porque esa persona viste una toga judicial: mientras que siempre podemos negociar con los líderes de los poderes ejecutivo o legislativo de un país, no hay forma de negociar con un juez, quien debe mantener la pretensión de que todas sus acciones están dictadas por la ley.
Así que nos encontramos en un callejón sin salida donde el usurpador se esconde bajo el imperio de la ley y los demás poderes insisten en su impotencia para actuar.
Si alguien recuerda un precedente en la historia de la humanidad donde un solo juez no electo haya tomado las riendas del destino de su nación, por favor, que nos lo diga. ¡Queremos retomar nuestra amistad histórica con la gran nación de Brasil!