Por. Suyapa Medios.
La paz está en muchísimas ocasiones en boca de todos, es un deseo profundo del ser humano: vivir en paz. Todas las personas de buena voluntad queremos vivir en paz, en una sociedad en paz, en un mundo en paz. Pero Jesús matiza: “No se las doy como la da el mundo”. dijo el Cardenal
No es la paz del mundo, que proviene de los que han vencido… La paz de la que habla Jesús tiene su origen en el interior de cada uno. Para Jesús es la paz fruto del amor. expresó
«Por eso, no se puede soñar una paz digna mientras se acreciente la injusticia en el mundo. ¿Puede existir la paz en el mundo cuando millones de seres humanos son excluidos por el hambre, la pobreza y la violencia? Como podemos hablar de paz social en nuestro mundo, que no es fruto de palabras ni de teorías, es fruto de un pueblo que es consciente y que cada uno pone de su parte para construir algo distinto».
Continuó exponiendo que «No es la paz de un mundo violento, lleno de conflictos, por afán de poder. Pero recordemos que esta paz que Jesús nos deja comienza en nuestro propio corazón, necesitamos desarmar nuestro corazón, despojarnos de las armas, del egoísmo, de la ambición posesiva, de movimientos interiores de violencia, de agresividad, de división, de confrontación.
Somos un solo pueblo hondureño, no hay estos contra los otros y los otros contra estos, eso no puede venir de Dios ni nos va a hacer vivir en paz. Claro que en el corazón nos damos cuenta que hay dificultades que provocan divisiones, resentimientos y rencores, pero el Señor nos ha prometido su paz que puede vencer todos los obstáculos y superar todas nuestras barreras.
Sí, esta paz, comienza antes de nada en nuestro propio corazón. Es nuestro corazón el que necesita una paz interior. Que la paz comienza por uno mismo y en uno mismo, conviene recordárnoslo siempre.
Por eso, nos preguntamos: ¿Dónde experimento la verdadera paz? Cuando tratamos de vivir en paz, ante todo con nuestra conciencia, allí donde resuena la voz de Dios que nos dice que tenemos que evitar el mal y tenemos que hacer el bien y no cansarnos de hacer el bien. Jesús añade: “Que no tiemble su corazón ni se acobarde”. Jesús quiere liberarnos del temor y de la inquietud que nos paralizan.
Es como si nos dijera: estaré muy cerca de ustedes, no los abandonaré nunca, nada podrá destruir mi amor por ustedes. Qué fácil es decirlo, pero, ¿Cómo calmar la ansiedad, la inquietud, el nerviosismo y el estrés que nos devora a todos y nos impide disfrutar de esa paz ofrecida siempre? Ante todo, abriendo nuestro corazón al Resucitado, que es vida, que nos simplemente una idea del pasado, es una persona. concluyo el jerarca católico.