Julio César en el Reino de la Culebra

Por. César Indiano

Brillante, elocuente, ocurrente y hasta culto serían algunos de los buenos apelativos que definieron a Julio César Núnez en su larga carrera de más de 20 años como comentarista y narrador deportivo.

En busca de trabajo llegó a Honduras en 2003 y se vino a meter al Reino de la Culebra. De origen uruguayo donde las pasiones deportivas son ganadoras y donde la tradición narrativa ha producido comentaristas magistrales como Carlos Solé y Víctor Hugo Morales; nunca sabremos los verdaderos motivos que obligaron a Julio César a dejar su país natal para venirse a meter al Reino de la Culebra.

Supongo que, en algún momento de su trayectoria en Honduras, dado que era un tipo sensible y cultivado, notó que algo no estaba bien en el Reino de la Culebra. Seguramente echó de ver el bajísimo nivel intelectual de sus colegas y el altísimo grado de irrespeto y manipulación que ha caracterizado a la triste empresa de comunicación donde este buen hombre vino a laborar hasta morir.

Probablemente, dado que era un tipo sencillo y diserto, haya causado ciertos recelos en la culebra porque durante 50 años de tiranía La Culebra no ha permitido que ningún gorrión cante bonito dentro de su reino. Al Reino de la Culebra sólo han llegado ratoncitos obedientes y tontas conejitas dóciles, personitas débiles que tiemblan ante el ruido del cascabel.

Imponiendo una tiranía de más de cinco décadas dentro de una empresa irresponsable que jamás tuvo la valentía de echarla a la calle, La Culebra creó un diabólico esquema de negocios falsos en el cual solamente él gana dinero. Todos los demás comen tajaditas de aire y apenas monetizan para pagar la tarjeta de crédito. La única función agradable que los demás deben realizar para La Culebra es que lo adoren y lo veneren; si no, muerde a cualquiera que intente conseguir comida en su Reino de Reptiles.

El futbol hondureño tiene tres décadas de estar quebrado en todos sus departamentos, literalmente viven de limosnas. Porque en el esquema ideado e impuesto por La Culebra los futbolistas están obligados a jugar de gorra, los empresarios tienen que saquear a sus propias empresas para mantener los equipos en un enfoque de pasatiempo popular, los periodistas tienen que salir a vender publicidad para conseguir los tres golpes y los dirigentes de la Liga Nacional tienen que ver cómo se las apañan para ajustar el arroz chino en cada reunión. Sólo La Culebra ha acumulado millones durante décadas y viste bonito.

Un hombre agudo y sensitivo como Julio César, seguramente, echó de ver cómo La Culebra se mueve con sigilo entre las emociones grotescas y los ciegos fanatismos de la pobre gente que consume un deporte fracasado. Consciente de que jamás le perdonarían una crítica sincera sobre la mediocridad imperante en el Reino de la Culebra, el buen Julio César se limitó a decir ¡Aguanta Corazón!

La culebra ha salido cuatro veces de su cueva, pero, sin sacar la cola de su nido, para ver cómo impone su Reino Político sobre un país de idiotas que se arrodillan ante sus venenosas mentiras. La Culebra ya está vieja y fea, pero, a diferencia de nosotros que vamos a morir de hambre, de tristeza, de abandono o de aburrimiento, La Culebra sólo va a mudar de piel y va a continuar reinando para siempre y mordiéndolos a todos.

La triste mañana de domingo en la que Julio César dejó este mundo, La Culebra se puso un hermoso traje de escamas e intentó llorar frente a las cámaras, pero, no pudo. De la boca y los ojos de esa serpiente decrépita ya sólo pueden brotar inmundicias… Por eso el buen Julio César que siendo brillante moría en pobreza, decía todos los días, ¡Aguanta Corazón!