POR ALMUDENA MARTÍNEZ-BORDIÚ | ACI Prensa
El Papa Francisco en su discurso de navidad aseguró que “Él mismo, Jesús, es nuestra paz; esa paz que el mundo no puede dar y que Dios Padre dio a la humanidad enviando a su Hijo”.
Lamentó que hoy en día existen “cargas que imposibilitan ir a Belén” como es “el apego al poder y al dinero, la soberbia, la hipocresía y la mentira” y recordó “los crudos vientos de guerra que continúan soplando sobre la humanidad”.
“Que nuestra mirada se llene de los rostros de los hermanos y hermanas ucranianos, que viven esta Navidad en la oscuridad, a la intemperie o lejos de sus hogares, a causa de la destrucción ocasionada por diez meses de guerra”, señaló.
Asimismo, dijo que “el Señor nos disponga a realizar gestos concretos de solidaridad para ayudar a quienes están sufriendo, e ilumine las mentes de quienes tienen el poder de acallar las armas y poner fin inmediatamente a esta guerra insensata”.
“Lamentablemente, se prefiere escuchar otras razones, dictadas por las lógicas del mundo. Pero la voz del Niño, ¿quién la escucha? “, se preguntó el Pontífice.
«Carestía de paz»
“Nuestro tiempo está viviendo una grave carestía de paz también en otras regiones, en otros escenarios de esta tercera guerra mundial”, señaló a continuación.
El Papa Francisco citó más tarde la guerra en Siria, “todavía martirizada por un conflicto que pasó a segundo plano pero que no ha acabado”, así como la de Tierra Santa y el Líbano.
“Que el Niño Jesús sostenga a las comunidades cristianas que viven en todo el Oriente Medio, para que en cada uno de esos países se pueda vivir la belleza de la convivencia fraterna entre personas pertenecientes a diversos credos”, dijo a continuación.
También pidió por la situación en Yemen y por “la reconciliación en Myanmar y en Irán, para que cese todo derramamiento de sangre”.
“Que inspire a las autoridades políticas y a todas las personas de buena voluntad en el continente americano, a esforzarse por pacificar las tensiones políticas y sociales que afectan a varios países; pienso particularmente en el pueblo haitiano, que está sufriendo desde hace mucho tiempo”, señaló.
Más tarde lamentó que “cada día se desperdician grandes cantidades de alimentos y se derrochan bienes a cambio de armas. La guerra en Ucrania ha agravado aún más la situación, dejando poblaciones enteras con riesgo de carestía, especialmente en Afganistán y en los países del Cuerno de África”.
“Toda guerra -lo sabemos- provoca hambre y usa la comida misma como arma, impidiendo su distribución a los pueblos que ya están sufriendo”, subrayó el Santo Padre.
«Mientras disfrutamos la alegría de encontrarnos con nuestros seres queridos, pensemos en las familias que están más heridas por la vida, y en aquellas que, en este tiempo de crisis económica, tienen dificultades a causa de la falta de trabajo y de lo necesario para vivir”, añadió.
“No nos olvidemos hoy de tantos migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de consuelo, calor y alimento”, pidió a continuación.
También nombró a los “marginados, las personas solas, los huérfanos y los ancianos que corren el riesgo de ser descartados; de los presos que miramos sólo por sus errores y no como seres humanos”.
“Como los pastores, vayamos también nosotros sin demora y dejémonos maravillar por el acontecimiento impensable de Dios que se hace hombre para nuestra salvación”, animó el Papa.
“Aquel que es fuente de todo bien se hace pobre y pide como limosna nuestra pobre humanidad. Dejémonos conmover por el amor de Dios y sigamos a Jesús, que se despojó de su gloria para hacernos partícipes de su plenitud”, concluyó el Papa Francisco esta Navidad.