España cruza la línea roja: censura al periodismo y copia la receta de las dictaduras latinoamericanas.

Editorial Tomado de. UHN_Plus

Hoy el Congreso de los Diputados ha aprobado, en un pleno extraordinario, la reforma de su reglamento para expulsar a Vito Quiles por hacer preguntas que incomodan al Gobierno socialista.

Es la primera vez en democracia que se echa a un periodista de esta institución por preguntar lo que otros callan. Una medida sin precedentes que retrata la deriva autoritaria de quienes presumen de pluralismo mientras censuran al discrepante.

Mientras España sufre trenes colapsados, aeropuertos en caos, agresiones sexuales y oleadas de inmigración ilegal, el PSOE y sus socios han decidido dedicar el tiempo y los recursos públicos a silenciar a un reportero. No les preocupan los escándalos de prostitución pagada con dinero público, ni los homenajes a ETA, ni los golpes separatistas. Les molesta que alguien señale sus miserias delante de una cámara.

Quiles lo ha dicho claro desde el Congreso: aquí se castiga más hacer preguntas que cometer delitos. Y no le falta razón. Porque ningún diputado condenado por corrupción o apología del terrorismo ha sido expulsado de su escaño, pero un periodista sí es apartado por señalar lo evidente.

Que nadie se engañe: esto no es democracia ejemplar, es la misma receta de censura que aplican en Cuba, en Nicaragua o en Venezuela. Hoy España ha cruzado un umbral muy peligroso: el del poder que se siente con derecho a callar cualquier voz crítica por decreto.