Tomado de. Insight Crime. por Parker Asmann y Héctor Silva Ávalos…/
Las recientes denuncias judiciales en Estados Unidos demuestran, de nuevo, que Venezuela se convirtió en un momento dado en un paso clave para la cocaína que se envía hacia Estados Unidos a través de Centroamérica, y que las conexiones políticas y criminales facilitaron el flujo de drogas.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fue acusado en marzo de 2020, entre otras cosas, de narcotráfico y corrupción. Y, por otro lado, fiscales estadounidenses presentaron cargos a finales de abril contra el exdirector de la policía de Honduras, Juan Carlos Bonilla, lo que ha salpicado de nuevo al presidente hondureño, Juan Orlando Hernández.
No son casos aislados. Algunos círculos al interior del régimen del presidente Nicolás Maduro han tenido abundantes socios en Centroamérica. Las recientes acusaciones de narcotráfico presentadas contra Maduro y otros miembros de su administración han proporcionado aún más evidencia de los vínculos criminales entre Venezuela y sus aliados en El Salvador, Honduras y Nicaragua.
El enclave criminal en Honduras
Las operaciones de algunos de los grupos del crimen organizado más poderosos de Honduras, como Los Cachiros, el clan Valle Valle y el Cartel del Atlántico, estaban en pleno apogeo cuando el expresidente Manuel Zelaya llegó al poder en 2006. De hecho, antes de que Zelaya llegara a la presidencia, un antiguo capo, Héctor Emilio Fernández, alias “Don H”, supuestamente le ofreció un soborno de cerca de US$2 millones para que protegiera sus operaciones de narcotráfico.
Sin embargo, no fue sino hasta 2009, cuando Zelaya fue derrocado en un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos, tras el cual el Partido Nacional llegó al poder, que Los Cachiros y los Valle Valle obtuvieron acceso directo a la élite política del país. Después del golpe, Honduras se convirtió en el principal puente aéreo de la cocaína procedente de Venezuela, en tanto los clanes de la droga de Los Cachiros y los Valle Valle consolidaban su poder con protección de funcionarios del gobierno y proveedores confiables de cocaína en Venezuela.
A medida que el panorama criminal de Honduras se fue consolidando a partir de 2009, el país también vio la proliferación de laboratorios de drogas en todo el territorio nacional. Algunos de ellos, según los fiscales estadounidenses, incluso operaban con la protección del propio Hernández cuando todavía era presidente del Congreso.
Por esa misma época, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, Diosdado Cabello Rondón; el exjefe de inteligencia, Hugo Armando Carvajal Barrios, y el general retirado Clíver Alcalá Cordones, comentaron las posibles consecuencias del derrocamiento de Zelaya. Según la más reciente acusación de Estados Unidos, Cabello Rondón advirtió que la inestabilidad que seguiría podría “arruinar el negocio”. Después de la reunión, Maduro supuestamente viajó a Honduras en calidad de ministro de Relaciones Exteriores para tratar de “intervenir” y evitar que la cambiante dinámica política “interrumpiera las actividades de narcotráfico”.
Las relaciones de narcotráfico entre Honduras y Venezuela no tambalearon. En 2011, la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas (Office of National Drug Control Policy, ONDCP), de la Casa Blanca, estimaba que hasta el 25 por ciento de la cocaína que llegaba a Estados Unidos salía de Venezuela —una cifra apenas por debajo de la de Colombia—. Además, las autoridades estadounidenses identificaron a Honduras como el “principal destino” y “principal país de tránsito” de los cargamentos de drogas que cruzan Centroamérica con rumbo a Estados Unidos.
Un año más tarde, en un informe de 2012 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) se identificó a Honduras como el “punto de entrada favorito de la cocaína que se dirige hacia el norte”, y que el tráfico aéreo de la frontera entre Colombia y Venezuela había “aumentado fuertemente” y se había reorientado, pasando del Caribe a la nación centroamericana tras el golpe de Estado de 2009.
Esto significaba que Los Cachiros eran los principales actores en ese momento y tenían la capacidad de traficar drogas sin ningún obstáculo desde los departamentos de Gracias a Dios, Yoro y Olancho, para el clan Valle Valle en los departamentos de Copán y Santa Bárbara en el occidente, en gran parte gracias a la protección política que habían conseguido.