Hoy habrá mucho de qué hablar. Y solo quiero recordarles a todos que nuestra política exterior se centra exclusivamente en el interés nacional de los Estados Unidos de América: en la defensa de nuestro país, tanto en lo que respecta a la defensa militar como a nuestra seguridad, pero también a nuestra seguridad económica y al dinamismo de nuestra economía, nuestra soberanía y nuestro futuro.
Creemos que Estados Unidos debe liderar el mundo, y creo que lo estamos haciendo y que tendremos una muy buena historia que contar al respecto. El liderazgo estadounidense, sin embargo, siempre debe estar al servicio del interés estadounidense. Digo esto porque creo que, durante un tiempo, en nuestra política exterior perdimos de vista ese objetivo. La realidad es que nuestra política exterior, ante todo, debe estar siempre al servicio del interés nacional de los Estados Unidos de América. Y determinar el interés nacional a menudo nos obliga a tomar decisiones pragmáticas. A veces, en política exterior, la elección no es entre una opción buena y una mala; es entre dos opciones que distan mucho de ser ideales, y uno intenta averiguar cuál de esas dos opciones es la mejor para Estados Unidos y la menos perjudicial para nuestros intereses. Y eso ocurre todos los días.
Dicho esto, seguimos siendo la única superpotencia mundial: el país más poderoso de la Tierra. Tenemos la mayor economía; contamos con el ejército más formidable y poderoso que la humanidad haya conocido jamás, por cierto; nuestro dólar sigue siendo la moneda de reserva mundial; nuestro idioma se utiliza ampliamente en todo el mundo para llevar a cabo todo tipo de negocios y gran parte de nuestra participación. Pero todo esto significa muy poco si ese poder no se utiliza para proteger a las personas que lo construyeron, a las personas a las que está destinado a proteger.
También les recuerdo a todos que el Gobierno de los Estados Unidos no es una organización benéfica. No estamos aquí para hacer de trabajadores sociales. Estamos aquí para ganar. Estamos aquí para ganar en nombre del pueblo estadounidense y en nombre del interés nacional: para ganar para nuestro país, para ganar para el pueblo de Estados Unidos, para ganar en las cosas que son importantes para nuestro futuro. Y para eso existimos. El Departamento de Estado existe para llevar a cabo la política exterior de Estados Unidos, tanto en materia de diplomacia como de asistencia, de una manera que promueva el interés nacional y ayude al pueblo estadounidense. Y eso ha guiado todas las decisiones que se han tomado desde enero de 2025.
Les pondría un ejemplo perfecto en nuestro propio Hemisferio Occidental, una zona que, como yo mismo y muchos de los miembros de esta comisión hemos defendido durante mucho tiempo, ha sido descuidada y ha pasado desapercibida. Ahora contamos en este hemisferio con una coalición de países amigos, más de una docena, que se han unido para trabajar no solo en las cuestiones de seguridad que todos compartimos, sino también en la prosperidad económica, que van de la mano. Es una historia increíble que, básicamente, aparte de Nicaragua, aparte de Cuba, obviamente aparte de Venezuela, que sigue enfrentándose a algunos retos, y por supuesto Brasil, aunque se encuentren en pleno ciclo electoral, y en cierta medida también el actual Gobierno de Colombia, al menos el presidente ha sido problemático, pero en términos generales, ahora es una región llena de aliados de Estados Unidos, de líderes amigos de Estados Unidos y con una orientación favorable a Estados Unidos. Ahora, obviamente, tenemos que poner eso en práctica tras 20 años de abandono en los que China y otras potencias mundiales se han entrometido en nuestro Hemisferio Occidental en detrimento no solo de los intereses nacionales estadounidenses, sino también, en nuestra opinión, de los pueblos de esos países.
Así pues, se trata de logros importantes, y estoy muy satisfecho con ellos. También me complace la forma en que hemos transformado la ayuda exterior. En cualquier transición siempre hay baches en el camino, pero, en términos generales, si pensamos en cómo nos fallaban los programas que existían en el pasado, era necesario sustituir el modelo antiguo. Y la ayuda exterior que se mantiene se está integrando bajo la dirección estratégica del Departamento de Estado. Así que no solo estamos proporcionando dinero; también buscamos resultados. No se trata solo de cuánto dinero se gasta en un programa, sino de si se obtienen resultados de él, y además se está guiando con nuestra visión estratégica en mente. Y eso significa que podemos proporcionar ayuda no solo en todo el mundo, sino dirigida específicamente a los más necesitados y a aquellos lugares del mundo más importantes para el interés nacional de Estados Unidos. Ese seguirá siendo nuestro principio rector; ese ha sido nuestro principio rector en nuestras reformas.
Así que… yo solo… quiero decir, hay… podemos entrar en muchos de estos detalles en nuestras preguntas. La conclusión es que todo esto y mucho más es un reflejo de esa convicción que expuse al principio, y es que la política exterior no puede separarse de la política económica, de la política fronteriza, de la política energética ni de ninguna de esas otras esferas que son fundamentales para nuestro interés nacional. Un país que no puede construir barcos, producir medicamentos, controlar la inmigración o acceder a recursos vitales, no puede defender a su pueblo, no puede defender sus intereses y no puede defender su modo de vida.
Por eso, nuestra política exterior continúa reorientándose en torno a los verdaderos cimientos de la fortaleza nacional. Este presupuesto es, en mi opinión, un paso más en esa dirección. Obviamente, los miembros de la Comisión de asignaciones tendrán mucho que decir sobre el resultado final de ese presupuesto, ya que no prevemos que, por primera vez en la historia moderna, el Congreso simplemente apruebe nuestro presupuesto tal cual; creemos que sufrirá reformas sustanciales por el camino, y esperamos colaborar con ustedes como hicimos el año pasado para elaborar lo que consideramos un proyecto de ley de gastos muy bueno en su momento.