Ese hombre dormía sentado. En un sillón. Cada noche. Porque los esbirros del régimen le quebraron la columna a golpes con la parte trasera de una escopeta. No podía acostarse. Su litera la usaba de escritorio para sus libros. El bastón que ven en la foto es la consecuencia. Así era el General Vivas: con la columna rota, estudiando.
Un primo mío que vivía en Colombia me mandó de regalo un café Juan Valdez. Lo logré introducir en la visita. Yo no tomo café. Él sí. Era un amante del buen café. Nos sentábamos y conversábamos por horas cuando el SEBIN nos lo permitía. De Venezuela, de la Constitución, de la infiltración cubana, de ese lema maldito que él fue el primero en atreverse a impugnar ante el TSJ: “Patria, Socialismo o Muerte.” Un lema de Fidel Castro impuesto en nuestra Fuerza Armada. Él lo denunció cuando nadie más se atrevía. Lo arrestaron por eso.
En las visitas con mis hijos era como un abuelo. Su familia, su esposa Estrella, sus hijas — gente de una calidad humana extraordinaria.
Este es el hombre que se paró en el techo de su casa con un fusil antes de dejarse capturar. 1.138 días atrincherado. Porque sabía lo que le esperaba.
Y cuando el régimen no pudo sacarlo por la fuerza, jugaron sucio. Estrellaron un carro civil contra su casa. Él salió a auxiliar al conductor. A ayudar. Porque así es él. Y fue una trampa. Lo emboscaron. Lo secuestraron. Lo torturaron.
Usaron su propia humanidad como arma contra él. Eso es lo que hacen. Eso son. Narcotraficantes con uniforme y poder del Estado.
El General Ángel Vivas tiene 35 condecoraciones militares de Venezuela, Nicaragua, Honduras, Panamá, Costa Rica, Guatemala y Estados Unidos. Fue condenado a 7 años y medio por defender la Constitución.
Si podemos sentir orgullo de algún militar venezolano es de él. Y del General Baduel. Dos hombres que pusieron la Constitución por encima de todo. Que pagaron el precio más alto por ser exactamente lo que juraron ser.
Mis respetos. Siempre.
Manuel Chacin