México prometió abastecer con gas natural y a gran escala a los países del Triángulo Norte de Centroamérica, mediante un gasoducto que es parte de los proyectos del “Plan de Desarrollo Integral para El Salvador, Guatemala, Honduras” impulsado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
El proyecto tendría un costo de aproximadamente 1,670 millones de dólares con financiamiento de bancos multilaterales y ocho años duraría la construcción, según se establece en el documento de la CEPAL.
Se supone que el proyecto sigue vigente en el plan de “Desarrollo Económico” y México estaría cumpliendo con una de sus metas expansivas luego de que entre el 2010 y 2014 se habló mucho en Honduras de un gasoducto azteca durante el gobierno del expresidente, Porfirio Lobo Sosa.
Los ministerios de energía de los cuatro países son los llamados a implementarlo conjuntamente con los entes reguladores de energía eléctrica e hidrocarburos y posible participación de empresas eléctricas estatales, detalla la CEPAL en un documento que tendrán que desempolvar para proponerlo a los presidentes recién electos en los países del Triangulo Norte.
La cobertura territorial principal de este proyecto comprende a los seis países centroamericanos, con un área aproximada de 500 mil kilómetros cuadrados, pero con mayor presencia en El Salvador, Guatemala y Honduras.
Ubica como beneficiarios directos a las industrias intensivas en el uso de energía y los usuarios de los servicios electricidad a través del desarrollo de centrales de ciclo combinado para la producción de electricidad.
Está vinculado a la diversificación de la matriz energética, seguridad energética, desarrollo económico e infraestructura, en un contexto donde se reconoce a los países centroamericanos como importadores netos de hidrocarburos.
Supone que esta dependencia energética amplifica los impactos económicos y sociales derivados de los choques petroleros, y afecta en una forma más acentuada a los tres países que conforman el Triángulo Norte.
En el contexto energético actual, el desarrollo internacional del gas natural aparece como una fuente de energía que funciona como eslabón de transición hacia una diversificación que gradualmente se irá alejando del petróleo y por tanto reducirá la vulnerabilidad a los precios petroleros.
Su uso en el sector energético para la producción de electricidad se justifica no solo por los precios relativamente bajos del gas natural que se presentan hoy en día debido a la abundancia del recurso a nivel internacional.
Sino porque también permite reducir los costos de generación de electricidad a través de una mayor eficiencia energética del 55 al 60 por ciento de una planta de ciclo combinado a gas natural con respecto a 30, a 40 por ciento de una planta termoeléctrica que usa carbón o petróleo.
Fuente (Diario La Tribuna )