Túmulos: los monumentos del holgazán

César Indiano

Los turistas odian los túmulos por tres razones, porque podrían acabar en un abismo tratando de evadirlos, porque podrían destartalar la suspensión de sus carros que son generalmente costosos y porque desconocen las costumbres primitivas de los pueblos que visitan. Recuerdo las palabras de mi amigo Javier del Cid cuando vino a visitar el país en la navidad ¡Gracias a Dios que salí de estas Honduras! …Había gastado 14,000 pesos buscando un repuesto para su camioneta en San Pedro Sula.

Pero, si los turistas odian los túmulos, los camioneros los detestan – y es comprensible – para los choferes la carretera es su machete, su herramienta, su razón de vivir. Cuando los caminos asfaltados están en buen estado y tienen fluidez la agotadora rutina de movilizar camiones de 5 toneladas se puede volver una agradable aventura laboral, más, cuando las calles tienen más cráteres que la luna y encima unos desgraciados se han tomado la tarea de colocar obstáculos de cemento en las carreteras, entonces, la vida de un chofer se puede volver una verdadera tortura cotidiana.

Si los turistas sufren intentando traspasar dos ejes en esas horribles jorobas de cemento, ya uno se podrá imaginar qué tipo de maniobras deben hacer los camioneros para frenar sus máquinas a tiempo e intentar pasar cinco o seis ejes sobre esas trampas malditas que los idiotas colocan en las carreteras, dañándolas a su antojo como si fueran de su propiedad.

¿Nos hemos puesto a pensar en toda la vileza que se esconde detrás de un túmulo? Son ese tipo de maldades que se ocultan de forma perfecta con el disfraz de la buena intención. Porque todos los tontos que promueven esos daños viales en las poquitas carreteras que tenemos, alegan que lo hacen por “la seguridad de los niños y las viejitas”. Coman mierda.

Generalmente estas horribles ideas nacen en cerebros ruines, retrógrados y enfermizos, en gente malévola que no sabe cómo funciona un automóvil, que se muere de envidia cuando ve pasar un coche de alta gama o que simplemente está podrido en pereza, temor y pobreza y quiere que los demás se muevan a su ritmo.

En un país donde la autoridad se respeta y donde los bienes se cuidan, estos delincuentes serían arrestados por daños a la vía pública y por estorbar el trabajo de la gente que se gana la vida de forma honrada.

Estos brutos que colocan túmulos en las poquitas carreteras que a duras penas hemos construido, no saben que un kilómetro de asfalto cuesta un millón de dólares, que el país demora entre 10 y 20 años para completar una conexión vial en la red primaria y que el gobierno podría tardar hasta 30 años en pavimentar una vía secundaria, pero, ante todo, estos idiotas deberían saber que no son ELLOS los encargados de delinear ni de señalizar las carreteras y los caminos.

Esa atribución ¡caballos! le corresponde a un organismo policial llamado Dirección Nacional de Tránsito y su regulación es una facultad de la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos INSEP.

Sé de personas que han viajado por el mundo disfrutando las autopistas de los países desarrollados, pero, cuando regresan a Honduras se esmeran en destruir lo poquito que hay. Así que, tengo una recomendación final para estos infelices que son amantes de arruinar las cosas bonitas: cuando les entren ganas de hacer un túmulo sobre una bella carretera hondureña ¡vayan a construirlo en el lomo de la madre que los parió!