Pueblos indígenas, comunidades pesqueras y organizaciones ambientalistas internacionales advierten que Honduras se encamina hacia un modelo extractivo que en toda América Latina ha dejado contaminación, enfermedades y pérdida cultural.
En este contexto, Oilwatch, organización internacional de resistencia frente a los impactos de los combustibles fósiles, recuerda que no existen precedentes de explotación petrolera sin derrames.
La experiencia regional lo confirma. En México, el derrame de 2010 liberó más de 5 millones de barriles de crudo al mar, matando tortugas marinas, delfines y ballenas. En Perú, en 2022, más de 11 mil barriles dañaron especies y áreas naturales protegidas, mientras que, en Ecuador, en 2025, el derrame de 25 mil barriles contaminó ríos y dejó sin agua segura a 300 mil personas.
“Estos episodios evidencian que el impacto del petróleo siempre trasciende lo ambiental, alcanzando la salud, el sustento y el tejido cultural de las comunidades”, afirman los representantes de Oilwatch.
Honduras no es ajena a estos riesgos. Al menos 25 municipios del litoral atlántico estarían expuestos a un escenario similar, sin embargo, muchas de sus corporaciones municipales no han tenido acceso a información oficial sobre los proyectos.
La incertidumbre aumenta porque, en 2023, la Secretaría de Energía firmó un Memorándum de Entendimiento con Petróleos Mexicanos (PEMEX) y mantuvo acercamientos con Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), evidenciando el interés del actual gobierno en promover la exploración de hidrocarburos con apoyo de países vecinos bajo la promesa de desarrollo económico.
Frente a estas decisiones, los pueblos Miskito, Pech, Tawahka y Garífuna, junto con los pescadores artesanales, han reiterado su desconfianza hacia “un modelo extractivo que históricamente ha beneficiado a élites y empresas extranjeras, mientras las comunidades cargan con los daños”.
Su voz se suma a la de organizaciones que insisten en que un derrame en La Mosquitia pondría en riesgo la pesca artesanal, el turismo y el frágil equilibrio del Sistema Arrecifal Mesoamericano.
“Lo que está en juego en La Mosquitia no es un negocio más, es la vida del Caribe hondureño. No hay pozos petroleros sin derrame y un accidente aquí pondría en riesgo la supervivencia cultural de los pueblos costeros”, declaró Oilwatch.
Ante esta amenaza, Oilwatch, junto con Gran Caribe Libre de Fósiles y la Asociación Nacional para el Fomento de la Agricultura Ecológica (ANAFAE), demandan estudios técnicos independientes, el acceso público a la información y consultas libres, previas e informadas antes de cualquier decisión estatal.
Asimismo, las organizaciones subrayan que Honduras enfrenta una decisión histórica entre repetir las tragedias que han marcado a otros países de la región o apostar por proteger su biodiversidad y la dignidad de sus comunidades.